Día
1: el comienzo de una inolvidable experiencia
A
nuestra llegada a la bella ciudad de Oaxaca aprovechamos inmediatamente para
poder apreciar uno de los tesoros naturales más longevos de este lugar, que es
el árbol del tule, que como es de esperarse, cuenta con una serie de historias
muy interesantes que según los lugareños son plasmadas en cada una de sus
ramas, con una bella vista de este árbol nos despedimos de este pequeño pero
imperdible lugar.
Después
de asombrarnos con el maravilloso follaje de el árbol del tule nos dirigimos a
apreciar una de las más asombrosas expresiones de arte tradicional oaxaqueña,
que es la creación de telas a la vieja escuela, con lana de la más alta calidad
y utilizando colorantes naturales que combinados con un gran talento de los
encargados de este trabajo nos dejan pasmados al observar los resultados excepcionales
que sacan a relucir la depurada técnica de estos artistas textiles.
Ya
con los ojos llenos de extraordinarias demostraciones de belleza tanto natural
como artesanal, teníamos que equilibrar un poco todos nuestros sentidos y es
así como llegamos a dos fábricas mezcaleras, que no pueden quedar fuera de un
viaje a Oaxaca, en estas nos explicaron el proceso que tiene que llevarse a
cabo en la producción de este dulce néctar, y afortunadamente pudimos degustar
de una gran variedad de sabores del mezcal que provocaban orgasmos al gusto por
su buen sabor. A lo que le tenemos que agregar el buen ambiente que pusieron
los buenos amigos del “espadín”, que hicieron gritar, reír, y disfrutar a cada
momento la estancia en sus instalaciones.
Acompañados
de cansancio y mareo tanto por el viaje como por la cantidad de mezcal
ingerido, nos dirigimos a una de las zonas más representativas de Oaxaca, la
ciudad de Mitla, que a primera vista parecería un recinto religioso al estilo
barroco, pero esta solo era la superficie de una grandiosa ciudad maya, que quedó
sepultada debajo de iglesias después de la conquista. Asomándonos más
detenidamente a observar las estas ruinas nos dimos cuenta del nivel de ingenio
y arte que tenían estas asombrosas personas. Además de la belleza de las
construcciones la vista que se podía apreciar desde estos templos nos dejaba
estupefactos.
Al
atardecer, nos dirigimos a descansar y así estar listos para un nuevo día que
seguramente nos sorprendería una vez más.






































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